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Smart Cities: beneficios y riesgos

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La tecnología se va imponiendo poco a poco en las ciudades. Bajo el paradigma de las Smart Cities, ya son más de 60 los ayuntamientos que están llevando a cabo proyectos con el fin de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos mediante el uso de las TIC.

Y es que todo el mundo habla de conceptos como la innovación social, accesibilidad, movilidad urbana o participación ciudadana como modelos para hacer las ciudades más sostenibles, más habitables y más cercanas a la ciudadanía.

Aunque España se encuentre situada a la cola respecto a otros países en muchas materias, no es el caso de las ciudades inteligentes. Muchos sitúan a España como uno de los países líderes en la explotación de las ciudades inteligentes. Uno de los motivos que haya propiciado que numerosos ayuntamientos hayan optado por la tecnología ha podido ser la fuerte crisis económica ya que, uno de los pilares sobre los que se sustentan las Smart Cities es precisamente el ahorro de costes.


Las grandes empresas ponen en marcha o participan de proyectos de ciudades inteligentes con ayuntamientos de toda España. Así, son muchas las ciudades de la Red Española de Ciudades Inteligentes están colaborando con las principales firmas del país creando plataformas que beneficien a ciudadanos y empresas. Endesa por ejemplo está presente en Málaga y Almería, IBM en Madrid y Barcelona, Indra en A Coruña y Gijón y Telefónica en Santander y Valencia.

Muchos de estos proyectos van orientados a la recogida de lo que muchos denominan el petróleo del siglo XXI que es el dato. Y es que las personas y el sinfín de pequeños dispositivos equipados con sensores, generan gran cantidad de información que puede ser utilizada para conseguir soluciones más orientadas y eficientes.

La cuestión es si esta información puede ser reutilizada por el resto de empresas y emprendedores. De ahí que las infraestructuras suelen surjan conceptos como el de Open Data o Datos Abiertos. La utilización de este tipo de infraestructura propicia la aparición de oportunidades para emprendedores que aprovechen la solución creada para desarrollar aplicaciones que se nutran de esos datos sin necesidad de grandes inversiones ni grandes esfuerzos burocráticos. Con esto, es más sencillo para un emprendedor montar un negocio en una ciudad inteligente debido a que se crea un ecosistema del que todo el mundo sale beneficiado.

Pero no todo vale ya que la recolección indiscriminada de información tiene sus riesgos. Y es que podemos imaginar la problemática que tiene que un sensor puesto en una farola en la puerta de casa controle tus pautas de comportamiento como a qué horas estás en casa o cuando te vas de vacaciones.

Por tanto, se hace necesario buscar el equilibrio entre evolución y seguridad. Una ciudad inteligente debe saber encontrar cuál es el punto óptimo en el que sus habitantes se sientan plenamente seguros y puedan beneficiarse de los productos y servicios que se ofrecen.

AENOR que es una asociación española de normalización que promueve estándares de calidad se ha percatado de esto y ha producido normas relativas a la sistematización de las Smart cities, que son:

UNE 179301:2015 Ciudades Inteligentes. Datos Abiertos (OPEN DATA) que establece directrices para la reutilización de Datos Abiertos elaborados o custodiados por estructuras del sector público.
UNE 178303:2015 Ciudades Inteligentes. Gestión de Activos en la Ciudad que, entre otras cosas, recoge los requisitos estipulados para la correcta gestión de una smart city.
UNE ISO 37120:2015 Desarrollo sostenible en la ciudad. Indicadores para los servicios urbanos y la calidad de vida que supone una medición de la sostenibilidad urbana.

En definitiva, son innumerables los beneficios que aporta la filosofía de las Smart Cities pero, también conlleva una serie de riesgos ya que se trabaja con información sensible de los ciudadanos que, mal utilizados, podrían repercutir muy negativamente en la calidad de vida de los mismos.


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